miércoles, 14 de mayo de 2008

Me enseñó la casa que recién acababa de decorar. Todo nuevo: cuadros, estantes, sofás y hasta un televisor de plasma último modelo.

¿Te gusta? Me preguntó.

Sí, contesté mintiéndole. Bueno...!, tal vez no mentía porque en realidad me gustaba lo que acababa de ver y además soy de "fácil agradar" aunque esta vez no las tuviera todas conmigo. Siempre he creído que un hogar debe tener tres cosas (o al menos dos de ellas): plantas, libros y niños y ésta no tenía ninguna de ellas, pero tampoco era eso lo que echaba en falta.

Hoy he descubierto que lo que no me acababa de encajar era la ausencia de enseres viejos, no sé, una silla, un libro, un plato, algo que tenga su historia. Me ha dado la impresión de que su vida acaba de comenzar en este mismo instante y que de nada le han servido los treinta años que ha dejado atrás y he pensado que tengo que regresar a casa de mis padres, y antes de que sea tarde recuperar de entre los nuevos el vaso amarillento que tanto me recuerda a mi infancia.

He sumado una cosa más a mi lista de cosas imprescindibles. Una casa debe tener, además, pasado...

1 comentario:

salvajuan fernandez dijo...

Amarillo limón, escurrido y en rodaja. Amarillo, buen libro de Félix Romeo.