lunes, 19 de marzo de 2007

Durante mucho tiempo, cuando veía situaciones parecidas, me decía que jamás de los jamases dejaría que eso me sucediese a mí. Que no merece la pena martirizarse cuando no tienes del todo claro que las cosas vayan a llegar a buen puerto y que el sacrificio va a servir para algo. Que pocos días pasamos en este mundo para estar la mitad de ellos sufriendo. Y que en otros lugares brilla mucho más el sol.

Y ahora que es cuando debo huir, noto que mis miedos me retornan a la casilla de salida.

1 comentario:

odraz dijo...

El miedo nos inmoviliza y no nos deja actuar ante determinadas situaciones. La clave está en vencerlo, tarea nada fácil!!
Y por cierto, nunca digas nunca jamás...
Besos y muuucha suerte.