miércoles, 6 de diciembre de 2006

Cuando una constitución se convierte en promesas incumplidas y los derechos de los ciudadanos al trabajo, a una vivienda digna y en ocasiones incluso hasta a la misma vida se convierten en bellos ornamentos.

Cuando se vuelve la vista atrás y se intuye que fue redactada con el cuerpo aún caliente del dictador, con un protagonismo exagerado (y hoy en día impensable) de las fuerzas armadas y con la idea de soliviantar lo menos posible a la extrema derecha.

Cuando más de la mitad de la población actual no la votó, bien porque no quisieron hacerlo en su momento, bien porque se negaron a refrendarla o bien porque no tenían edad para hacerlo.

Cuando la única reforma que se plantean algunos es permitir el acceso de una mujer concreta a un puesto vetado a la totalidad de los ciudadanos.

Cuando sucede todo eso (y más), te planteas si tal vez lo único que tienes que agradecerla es tener un día de vacaciones más al año.

1 comentario:

primaveritis dijo...

Tienes razon.
Que sean dos!!!!!