lunes, 30 de enero de 2006

Sucedió una noche

Insomnio. Encender la tele como remedio para no dar inútiles vueltas en la cama y encontrarse una ceremonia de entrega de premios Goya del cine español de lo más plomete...

Gratitud. Al de 15 minutos me llegó el ansiado sopor.

Moraleja. La gran industria cinematográfica del otro lado del charco nos supera ampliamente en lo que a galas se refiere. Respecto al "continente", sus entregas de premios son tan coñazo como las nuestras. Respecto al "contenido", sus películas lo son mucho más.

2 comentarios:

odraz dijo...

Estoy de acuerdo contigo, la gala, ante mi sorpresa, fue de lo más aburrida e insulsa. Afortunadamente, no puedo decir lo mismo de las películas participantes, (y de otras más, claro está)creo que la imaginación, el ingenio y el buen hacer han corrido más por este lado, que al fin y al cabo es lo importante.

itsasbeltza dijo...

Verás, te aclaro...

Creo que en este país se hace buen cine. Todos los años suele haber una veintena de películas que merecen mucho la atención (y cuando digo mucho, es mucho mucho...).

Por poner un ejemplo. De las cuatro nominadas a mejor película una me pareció muy buena y otra creo que no es para tanto (las otras dos no las he visto pero intuyo que me podrían gustar).

Pero las galas, sean de lo que sean y sea donde sea, siempre me han parecido un plomazo. Ya sea la entrega de premios de cine o música, para fomentar el turismo en determinadas regiones, los bodrios de los triunfitos, la nueva programación de una cadena o recaudar fondos para fines benéficos. Todas, absolutamente todas, son inaguantables.

Sólo hubo una gala que me gustó y que vi con agrado, y fue gracias a que los protagonistas se dedicaron a denunciar un tema de actualidad...