viernes, 17 de marzo de 2006

Ayer tenía un día tontorrón. Agotado por una semana de trasnochar innecesariamente, mi cuerpo me pedía descanso.

En esos días mi mente se desconecta, mi ánimo se desmorona y mi vista busca un punto más allá del horizonte. Los que me conocen (o al menos quienes hacen denodados esfuerzos en conseguirlo) se preocupan... Piensan que en mi interior se debe estar desencadenando la más feroz de las batallas, cuando en realidad sucede todo lo contrario.

Cualquier explicación es en vano...

En ocasiones, trato de vencer mi apatía por medio de la actividad. Entonces es cuando sale a la luz el niño que nunca he dejado de ser.

El niño que hoy sólo desea fervientemente una cosa. Encontrar un charco para chapotear en él.

3 comentarios:

Alholva dijo...

¡Qué bonito! ¡Qué tierno! Yo también lo hago de vez en cuando. Parece que habrá suerte y mañana va a llover.
Un beso

Andaya dijo...

Y una pared para dibujar corazones con tiza.
Precioso.
P.D. Yo entiendo de silencios. Cada uno con distintos matices.

odraz dijo...

Me has hecho recordar aquellos tiempos en los que jugaba con mis amigos a encontrar el charco más hondo, para luego entrar todos en él salpicándonos y soltando grandes carcajadas. Para los niños de entonces, aquello era un juego muy divertido.